jueves, 18 de agosto de 2011

Given to Fly...

Hace varios días que ando en la ruta, sin parar. No es por gusto, ya que los paisajes y las personas de las costas del Perú, son hermosas y radiantes. Si me he apurado, ha sido por dos sucesos, que tienen que ver con la delincuencia que reina en estas zonas y que lamentablemente le quitan a unos las ganas. Esto es un resumen, de la primer parte de las costas…

El lunes 18 de julio, Salí tarde de Nazca, con mucho sol, avanzando solo 48 km hasta Palpa. Allí le pregunte a una familia, que tenía un puesto de naranjas (como todos los de esa zona) si podía pasar la noche. Me dijeron que si, me llenaron de naranjas, me convidaron café con pancitos y por la mañana, la señora no me dejaba ir si no le aceptaba un buen desayuno! Luego me tome una foto con la flia y arranque. Pase por valles fértiles en medio de dunas de arenas muy fina. Después de pasarme toda la mañana cruzando un cerro, llegue al medio día a San Nicolas,me tire al costado del camino, entre unos campos de choclo. Mientras la gente terminaba su jornada, pasaba al lado mío, y me ofrecían :sandia, garbanzos, arvejas y choclo de regalo. Estas mismas personas me aconsejaron, de no seguir a la tarde porque el desierto que continuaba era bastante bravo, para pasarlo por la tarde. En el pueblo hable con una señora, Carmen Huamani, que me dejo pasar la noche en un club de madres.

Salí como a las 7:30 hs, con el cielo nublado, a cruzar dicho desierto. El sol se asomo 1 hora más tarde, mientras cruzaba cerros marrones y grises, entre cubiertos de arena, y más adelante, gigante terrones de cal, adornaban ambos lados del camino. Llegue a Ica como a las 16hs, la antesala fueron grandes campos con viñedos y frutales. Venía muy contento, pero cansado con los 84 km recorridos, eso hizo distraerme, en una ciudad bastante convulsionada, y descuidarme con una riñonera, la cual me robaron sin darme cuenta. En ella estaban todos mis documentos (DNI, cedula y pasaporte) dinero y otras cosas. Trate de mantener la calma, mientras caí en la zona donde me encontraba, y que si no salía de ahí no solo eso me iba faltar. Me diriji a la comisaria solo por el hecho de sentar la denuncia. Luego encontré una pareja de chicos buscando un lugar barato para parar, y entre los tres alquilamos un cuarto de mala muerte, por muy poco dinero.

Dispuesto a tratar de resolver todo lo más rápido que pudiera y con solo 50 soles a mi favor, temprano Salí para Lima. Llegue hasta el peaje, y me puse hacer dedo, 300 km me separaban de esa ciudad. Pasado el medio día, me levanto Alberto, un camionero buena onda, que apenas le conté lo sucedido, me ayudo a cargar la velosirraptor y seguir hasta Lima. En el camino me invito a comer. Más adelante se vio el mar, allá, debajo de los acantilados, por sobre los cuales la panamericana zigzaguea . Llegamos de noche a la ciudad, busque un lugar para alojarme, sin encontrar, nada barato, hasta que al dar con algo más o menos, no me dejaban quedarme por no tener documentos. El quedarme en la calle significaba, ser presa de las ratas de eso suburbios. Recordé que tenía el teléfono, de uno de los hijos de Eleonor (ver informe de cusco) que vivía por ahí. Llame a Jorge, y me dijo que podía darme lugar hasta el viernes, ósea esa noche y la que seguía. El trabajaba desde las 8 y volvía a la casa a las 23 hs. Al otro día, me pase toda la mañana en el consulado, en el cual la primera respuesta fue que, solo me podían dar un salvoconducto para volverme a Argentina, pero luego de contarles los motivos de mi viaje y la forma de hacerlo, me pidieron que les consiguiera unos papeles y la suma de 30 dólares y quizás se podría hacer. A la tarde vendí unos señaladores que hago con frases a colaboración, para comer y poder juntar para los tramites que tenía que hacer (por ejemplo, pagarle a una persona para que en migraciones me hiciera un trámite, con documentos. Son como buitres a las afuera del edificio)

La gente del consulado fue muy amable, ya casi tenía todos los papeles, me faltaban los 30 dólares y las fotos. El sábado a la mañana entre los amigos y la flia, me mandaron un giro, que Jorge muy amable me lo cobro al instante, y eso me dejaba respirar un poquito más tranquilo.

El consulado cerraba hasta el lunes. Jorge me dejaba tener la bicicleta, máximo hasta el miércoles en su casa, mientras donde iba dormir? Tenía el teléfono de los papa de una amiga que conocí en Cuzco (Antuane Mendivel y Santos Gómez, gracias chicos por ayudarme y por las tardes de charlas en Korilazos). Hable con Leoncio Mendivel, me dijo que me esperaba en el barrio de Comas Collique. Leoncio y Consuelo, no solo me dieron una cama, me malcriaron con muy buena comida la de ella, mientras que con él nos poníamos en charlas de literatura, y entre todos veíamos los partidos de la selección de futbol y los de vóley del Perú. Ellos hicieron mi estadía en Lima, mucho más tranquila, al poder desocuparme de ciertas cosas, para ocuparme de los papeles. Mil gracias Consuelo y Leoncio!!

El lunes para sorpresa mía, me entregaron en 20 minutos el pasaporte. Hasta que no lo tuve en la mano no estuve tranquilo, por fin podía continuar mi viaje. Al otro día busque rápido mi bicicleta en lo de Jorge, el cual me regalo una mochila y yerba!! Le agradecí y en una carrera alocada entre las mini combis y los transeúntes , por seguridad je, llegue por fin en 1:30 a Comas.

El 28 de julio, luego que consuelo me diera escabeche de pescado para llevarme y que Leoncio, me regalara una versión corta del Quijote de la Mancha (en el cual tenía la inscripción: “que ganas de decirte vamos”) aliste mis cosas y me fui para la panamericana, cantando “la roda de los vientos me ah de guiar, y de ahora en mas vais a verme vagabundear…Serrat”

Salí contento de alejarme de lima y continuar. Y aunque no se manejar pelotitas, ni banderas, ni fuego, con 50 soles tenía que hacer malabares de vuelta. Lamentablemente no podía ir por las costas tranquilos, los dichos de robos y asesinatos en las costas son un rumor constante: entre pedalear y hacer dedo, pase por Chancay y al atardecer llegue a Huacho. Ahí el dueño de una estación de servicios me dio un deposito para dormir y una cena de regalo.

Al otro día Salí con algo de llovizna. La neblina no me dejaba ver el mar, pero escucharlo me hacia transitar en paz. Renegué mucho para hacerme de comer, porque todo estaba húmedo y el fuego se me apagaba. Al atardecer llegue a un pueblo llamado Paramonga, el parar en el campo no es cosa segura por acá. Después de hablar con una familia a la salida del pueblo, me dejaron armar un campamento en una especie de vecindad, donde todos eran familiares. Me regalaron algo para cenar y una buena jarrita de café calientito, que tomaba mientras terminaba de leer “la vuelta al mundo en 80 días, Verne”

Me despedí temprano y a las 8 hs los campos de azúcar, eran mis compañeros de ruta, como a los 24 km me encontraba otra vez en un desierto, con montes de arena maciza en colores rojos y verdes. No solo la delincuencia me apuraba, el permiso que me habían dado para estar en Perú, era hasta el 21 de Agosto y yo también quería estar un par de días en las costas de más arriba. Mientras ando a veces hago dedo, en eso me levanto Juan Ormeño, me ayudo con la pesada velosirraptor, me invito a comer un buen ceviche y a los 200km, me dejo en Viru Chao. Decidí pasar la noche en ese pueblo, pero en donde? El horizonte estaba lleno de incertidumbre y de malos colores. En eso pregunte a unos hombres que me habían saludado, si no habría algún lugarcito por ahí para armar una carpa, rápidamente me ofrecieron el patio y las llaves del portón, donde se juntaban los de su partido jeje. Eran Jorge y Héctor Bobadilla, eh incluso Héctor me llevo a conocer el pueblo en su moto y a cenar por ahí. El vivía en España y sabia lo que era andar en otras tierras.

Cuando me acosté, caí en la cuenta, de que hacía días que estaba nublado, pensando en Trujillo al otro día, me dormí mirando el cielo que reventaba en millones de puntos de luz.

Me despedí de todos y empezó a pedalear algo cansado y con viento en contra. Faltando 20 km, me cruce a dos ciclocolifatos, que venía de estar en “la casa del ciclista de Lucho Ramírez” eran dos que se llamaban Mateos, uno de Canadá y otro de estado unidos. Esta casa donde habían estado ya nos la habían nombrado los colombianos que encontramos cuando recién salíamos. Ellos tenían más de 20000 km pedaleados. Nos tomamos unas fotos e intercambiamos información.

Llegue a Trujillo como a las 15 hs, directo a la casa de Lucho, me convido un rico arroz con lentejas, limonada y de ahí a la famosa casa: Lucho hospeda a ciclista de todos lados del mundo allí, hace varios años ya y su nombre resuena entre los caminos de los ciclonautas. Tiene 2 piezas y un baño, y hasta una modesta biblioteca. Yo era el ciclista número 1561 que pasaba. Tiene 5 libros con dedicatorias de todos los que por allí pasaron, algunos de los que firman son: en bici por Suramérica, Sudamérica pedal, ciclo cine, infinity tándem, ciclo expedición, tándem de miel (luna de miel en bici doble genial!!) Word on bike, Suramérica en cleta, etc. Hay también personajes destacados como el caso del chileno Rubén Reyes que estuvo 16 años recorriendo América o Heinz Stuke, Alemán, que estuvo 47 años dándole la vuelta al mundo, y demorándose un poquito en cada lugar. Lucho se acuerda de casi todos y humildemente y de una forma graciosa cuanta historias, aparte tiene la casa ahí misma de venta y arreglos de bici, y en donde siempre que puede te da también una mano, a cambio de una colaboración para los gastos de la casa. Gracias Lucho!

En Trujillo descanse y trate de juntar algo de plata, vendiendo a colaboración los señaladores, en eso conocí al loco Tony, un vendedor de la peatonal, que a su lado me dio una mano de forma desinteresada y cuando se hacía de noche me acompañaba en su moto bici hasta la casa, porque a la noche pululan los delincuentes en esa ciudad.

Un día venia con las alas bajas entrando en el mercado, medio decaído, desde una mesa una pareja me saludo, eran unos parceros (viajeros de Colombia) John y Mafe, que se iban en un rato para la playa de Huanchaco(donde se practica zurfing y se ven todavía las antiguas balsitas personales de totora), que quedaba cerca y me invitaban a ir con ellos. Cambie de aire, y a pesar de que les dije a ellos, realmente no supieron lo bien que me hicieron.

Cuando regrese Huanchaco, en la casa había llegado un ciclista de Zaragoza. Que venía renegando con su bici y carro y los quería vender. Luego de conocernos un poco, junto con lucho, le dimos otras opciones para seguir. El resumen fue, eliminar el carro y agregar dos parrillas para una alforjas caceras. Con David Lorenz, al toque nos propusimos viajar juntos, yo estaba muy contento de tener otra vez compañero y de sentirme más seguro.

El 5 de agosto salimos de Trujillo, tarde, pasamos por Huanchaco, donde encontramos a los colombianos, y continuamos viaje luego de comer, hasta un peaje. Donde al hacerse de noche, decidimos mas aun hacer dedo, ya que el pueblo que seguía era Paijam, famoso por sus asaltos a los ciclista una vez que pasa el pueblo. Más tarde nos levantaron unos camioneros que nos llevaron a Chiclayo, contentos porque supuestamente, habíamos pasado lo más peligroso.

Llegamos de madrugada a un depósito de camiones, donde dormimos hasta las 6 ya que los camioneros tenían que cargar. Nos fuimos hacia adelante del depósito, donde había una estación de servicio, para acomodar todo. Ya era casi de día, y la gente y los camiones empezaban a circular. Mientras David buscaba una herramienta para su bici con otro camionero, alguien se llego hasta mí, para distraerme, mientras que en una moto taxi se llevaban las dos mochilas de David. Fue terrible, yo me sentía re mal. Le dije a David que contara con mis cosas y con lo que me quedaba de dinero para lo que sea. Por suerte ahí en Chiclayo hay otra casa de ciclistas, la de Javier Pérez (amazonas 770) en la cual la familia de Javier nos brindo lo mejor, mientras nosotros nos ocupábamos de resolver lo que se podía. A David le robaron todos sus documentos y la posibilidad de vivir de lo que a él le gustaba, su cámara y su laptop. El se mostro casi siempre sereno y calmado. En estos casos es mejor estar así, ver como resolver lo que se puede, lo perdido así quedara. La policía en las costas es un adorno del sistema, que junto con los delincuentes, tienen a la sociedad Peruana sumergida en el terror y en el encierro.

David tenía que volver a Lima, para hacer sus papeles y ver si podía continuar viaje. Con esto culminaba nuestro corto y trágico tramo, pero que si no hubiéramos estado juntos podría haber sido peor. Nos despedimos y quedamos en quizás vernos más arriba.

Me gustaría haber escrito otras cosas, pero esto es lo que paso. Aunque esto parece trágico, hubo mucha gente más que entre medio, de diferentes formas nos dio la mano. La gente que te ayuda lo hace ya sea porque tiene ganas, o porque tiene algún pariente afuera y quisieran que con el fueran igual o porque ya les paso algo similar, al fin y al cabo ellos saben que todo vuelve.

Dar una mano no ter hace ni pobre ni rico, pero el día de mañana te puede salvar la vida, yo sé bien, esto que les digo. Si alguna vez, ojal no, se les presenta alguna situación parecida, verán lo que han sembrado y por ende lo cosecharan.

Perú es hermoso y su gente, más todavía. La delincuencia no es parte de esto dos aspectos, pero ojala encentren el modo de erradicarla, ya que esto es terribles para todos.

La segunda parte de las costas, vendrán en el siguiente informe, donde en una veloz subida, los paisajes y las historias, toman sol y se bañan en el mar. Desde el Ecuador este ciclocolifato sonríe y les desea buena vida, hasta las próximas letras.

Santi de la luna

jueves, 28 de julio de 2011

¡Ayúdame a mirar!...

Tiempo atrás, cuando era un niño, me solía sentar en la mesa de casa, a mirar cómo, con sus manos, mi mama, transformaba pedazos de arcilla, en piezas de cerámica. Inspiradas por culturas milenarias, de las cuales ella misma, se encargaba de contarme historias, mostrarme su cultura, diseños, indumentarias, costumbres, etc. Recuerdo perfectamente una carpetita, con todo un informe escrito a mano, y en alguna parte de la misma, un plano, no con calles y plazas, sino , uno bien particular, lleno de líneas que formaban figuras: animales y formas geométricas. Eran las místicas líneas de Nazca, situadas en Perú, donde no solo estuvo esta, sino varias civilizaciones, cuyo arte en cerámica, era extenso, de una calidad y belleza inigualable.

En cierto momento ella empezó a ahorrar, porque se iba dar el gusto de ir a conocer esas impresionantes figuras, el Machu Pichu y demás maravillas del Perú. Debido a la mala situación económica que estábamos pasando, sus ahorros se fueron yendo y con ellos se fue la ilusión de llegar a estas tierras. Como toda madre, decidió, junto a mi papa, postergar eso, para seguir entre los dos, dándonos lo mejor, a mi hermana y a mí.

Me encantaría regalarle el viaje que pospuso, pero no puedo. Desde antes de salir, sabía que pasaría por ahí, y aunque sea una foto, le iba mandar. Gracias a la ayuda de Fran (Francisco Heredia) pude hacer un poquito más.

Entonces este informe, la subida al Machu Pichu, mi estadía en Perú, Nazca (principalmente) y lo que falta de este país, está dedicado a una persona, que directa e indirectamente, para que yo hoy ande por acá. Para Mónica, la Moni, Moni Chao, para vos Ma!!!

El 4 de julio (luego de despedirme de mis compañeros de cuarto y de historias, Guille y Diana, y de Clara, Bruno, Eleonor y Vladico) Salí tarde, como a las 13 hs, rumbo a Nazca. Arto de pedalear las subidas, ya había decidido, en algún tramo, hacer dedo, y más que nada en la parte anterior a Nazca (muy alto, frio y desértico)

Pedalee unas tres horas en total, como unos 40 km. Llegue a la provincia de Anta, valles fértiles y olor a eucalipto, me acompañaron durante el viaje. Frene en un poblado, y le pregunte a un hombre, si me dejaba armar la carpa en su patio. Muy amable me dijo que si, se llamaba Alejandro, tenía una despensita, algunas vacas y estaba empezando a criar cuy (coballo) me ofreció te caliente con sándwich de queso (hecho por el) y a la noche cocine un guiso para los dos, no me dejo dormir afuera y me dio una cama.

Como a las 6 de la mañana nos levantamos, tomamos un café al lado del fuego con canchitas (pororó andino) luego empecé a preparar todo, le compre un queso y pan a Alejandro y antes de las 8 ya estaba en la ruta. La mañana estaba fría y nublada. Frene como a la hora y media, a tomar unos mates (con la poca y preciada yerba que me quedaba) junto a unos panes con palta.

Cerca del medio día, luego de subir de a poco, varias cuestas, tuve una bajada de unos 30 minutos hasta Limatambo, mientras lo hacía, la temperatura aumentaba unos 15 grados más, llegando a un valle muy caluroso y verde, lleno de mariguí (esas mosquitas las odio) que mientras comía, ellas hacían lo mismo conmigo.

De ahí pedalee un poco más, hasta Carmen, llevaba 70 km recorridos. Pase el caserío, luego de varias subidas, y de pasar campos llenos de papaya, mangos, plátanos y paltas. Se empezaba a venir la noche, y donde me encontraba no me daba confianza, asique hice dedo y me llevaron hasta Cura Huasi, unos 30 km más al norte. Baje, me abrigue un poco, y me fui a las afueras del pueblo, pasando por campos llenos de zapallos y de anís. Cuando quedaba solo el borde del sol, sobre el filo de los cerros, un hombre me dejo armar la carpa, frente a su casa, al lado de la ruta. Me convido agua caliente, y una charla pa´ acompañar.

Temprano, mientras me despedí de los dueños de la casa, arranque para Abancay, pero pensando en frenar más adelante y hacer dedo. Salí como a las 8 y a las 10:30, con un sol que derretía, frene en una sombra y a los 10 minutos, me levanto un cura, y me llevo hasta la cuidad. Todo ese camino es precioso, grandes quebradas y valles verdes, amarillos y marrones, con un cielo bien celeste, que contrasta y resalta todo. Baje mareado en Abancay, debido a las inmensas curvas, después de llegar a la cima, y las continuas bajadas. Agradecí al cura, comí algo y Salí de vuelta a la ruta, pero con la idea de acampar en algún lado y relajarme, cosa que no pude hacer, debido a los mariguíes. Estaba empezando a atardecer y probé hacer dedo, así me alejaba de esa zona. Al rato me levanto Víctor Hugo (Gil Pérez) que iba para Lima, y me ofreció llevarme hasta puquio (hasta ahí y más adelante es el peor tramo, mucho frio y puna) recorrimos unos 300km charlando y riendo. Llegamos de noche y con frio, Víctor me invito la cena y me propuso, sino me quería quedar a dormir en el camión, ya que él se iba a un hotel, cosa que accedí al instante.

Me levante temprano el 7 de julio, al rato llego Víctor, vamos a desayunar me dijo (nada de café con leche y pan jeje) caldo: fideos, cebolla de verdeo, perejil, un huevo duro entero y un pedazo de carne, servido en un plato, más que abundante (sale entre 2 y 3 soles). Salimos como a las 9 a cruzar la puna, luego de un buen rato de trepadas, llegamos a la puna, con viento y frio. Pasamos por una reserva de Huanacos, Llamas y Vicuñas. El paisaje no era nada parecido al anterior, me hacia acordar un poco, a los gigantes, en Córdoba, eh igual de infinito y hermoso. Llegando a Nazca, todo empezó a llenarse de piedras, de dunas y cerros medianos y chicos, en colores marrones, amarillos y grises, con refilones en violeta y rojo.

Con Víctor, veníamos charlando, cuando al unisonó, miramos hacia el horizonte y un mar de nubes, con una isla-cerro al medio, nos deslumbraba con su singular belleza. Frenamos a ver y a sacarnos unas fotos.

Antes del medio día, nos despedimos, dejándome a las afueras de la ciudad. Acomodando las cosas pinche y tuve que volver a desarmar todo para parchar. Solucionado el imprevisto, sin conocer, ni saber, casi nada. Llegando al centro, el destino hizo lo suyo, me cruce con Gastón y Paula, otros viajeros, que andan viajando con su música, y que nos venimos cruzando desde Copacabana. Ellos me dijeron que estaban parando en lo de Rubén (Rubén Contreras) y que no creían que tuviera drama en hospedarme, ya que hasta el día anterior, había 12 personas, y ahora solo quedaban ellos. Llegamos hasta el departamento, chiquito, pero acogedor. Recién a la noche me llegue, junto con Gastón, hasta el bar que tiene Rubén (Kunay) y no solo me dejo quedar en su casa, sino que al instante estaba pintando la vidriera del bar. Rubén hospeda a personas en su casa, desde hace un par de años, de notable humildad y palabra sincera, no cobra nada. Sabe escuchar y enseña sin pizarrón, cosas simples de la vida, gracias Rubén!!

Durante mi estadía en Nazca, hice varias cosas, solo iba pasar y me quede un poquito más de una semana. Tuve la oportunidad de comerme un par de asados (obvio, que no es la misma carne, pero para despuntar el vicio sirvió je) conocí a un cordobés que viajaba con una parrilla y vendía choris ahí. Con Paula, pintamos las placas, de la futura puerta del Kunay bar. Aparte con Gastón y Paula, pasábamos bastante tiempo juntos, y con la última yerba que quedaba compartimos unos mates y luego poníamos la yerba a secar al sol, nos recordaba un tango y nos traía cierta nostalgia en cada cebada. También comí jalea: mariscos, calamar, pulpo, y pescados, cortados en trozos pequeños y fritos, acompañados de arroz, cebolla, cancha y yuca frita (parecida a la mandioca) un medio día junto con unos personajes de ahí: el mismo Rubén, Carlos Rulmik y el doc (Rubén Altamirano) aparte también le ayude en el bar a Rubén, y el día del partido de Argentina, me hice un asado en la puerta de Kunay, con morrones y huevo a la parilla, cebollas y papas al rescoldo, ensalada criolla y salsitas picantes, auspiciado por el dueño del bar que le encanta!

El 13 de Julio, amaneció como siempre por estos lados, con neblina. Lo mismo me llegue con la bici hasta el aeropuerto, la asegure y me puse a espera el buen clima. Cerca de las 10 de la mañana, me avisaron que podía volar. Con una mezcla de emoción y algo de miedo, ya que nunca había volado, subí a la avioneta con una pareja de franceses, y una chica de Israel, junto con los 2 pilotos. Ascendimos y mi cuerpo empezó a sentir el cambio, no me descompuse, pero cada vez que el avión volteaba, para apreciar las líneas, mi equilibrio se alborotaba. Trate como pude, de ponerme bien, y comencé a ver las figuras, sobre la hoja del desierto y los cerros aledaños: vi los pájaros, el mono, el perro, el astronauta, el mono, la araña, las figuras geométricas, etc. Son muchas figuras más, y tienen varios km de longitud. Hubiera dado muchas cosas para que ese lugar lo ocupara mi mama, pero ella también se iba poner contenta al saberme ahí. Solo pude tomar un par de fotos, debido a mi estado y al poco tiempo que dura el viaje (30 minutos) pero mi idea, en pasar por ese lugar, en algún momento fue, sacarme una foto, donde dijera que estuve ahí y simbólicamente, mandarle ese regalo a mi vieja. Gracias a la ayuda de Fran que me regalo los 100 dólares que sale sobrevolar las líneas, lo pude hacer. Pude hacer un poco más de lo que me propuse, y a pesar de que baje tambaleando del avión, tenía una alegría inmensa.

Hay muchas teorías sobre esa líneas, hasta le han atribuido su creación, a agentes alienígenas. Pero de esas teorías, la más acertada y aceptada, es la de María Reich, una señora Alemana que dedico su vida al estudio de las mismas y fue la que dictamino, que habían sido creadas como una especie de calendario astronómico, para ayudar en sus cosechas, la época de lluvias y demás cosas referidas al tema.

Como sea, son tantas figuras y tan gigantes, que su estudio es algo complicado, y el enigma exacto de su creación, hasta el día de hoy, ronda por ese desierto.


Nazca tiene una energía buena, su gente es muy amable y chistosa, ya se ve mucha gente de piel negra, y el clima es caluroso, al hablar se usan términos como: chibolo (niño, chico) chévere (que algo está bueno) vacan (buenísimo) chambear (trabajar). Se come muchos productos del mar debido a su cercanía, y la fruta cada vez es más barata.

En esta etapa ya tengo más de 2000 km pedaleados y unos 3300 recorridos en total. Escribo esto desde lima, ciudad gigante y bastante congestionada, no estoy acá de casualidad. Supuestamente solo iba pasar un rato y seguir viaje. Pero debido a un seceso inesperado y malo, tuve que quedarme y tratar de resolver unas cositas. Ese mismo suceso pude poner en jaque, la continuación de este viaje, pero es algo que estoy tratando de resolver, ya que no depende de mí, y espero pronto poder seguir.

En el próximo informe, les contare que paso y como continua esta historia, que a veces suele ser un hermoso cuento, pero también es mi vida y hay una realidad, la cual tengo que enfrentar, para sobrellevar ciertos obstáculos. Esto es lo que elegí, como dice mi amigo el flaco “dulce condena”.

Espero escribir lo siguiente, con la sonrisa que me caracteriza y que trato de no perder. Hasta entonces otras historias se acumularan en mi cabeza, para luego contárselas por este medio.

Espero estén bien y que les haga bien!! Hasta las próximas letras.

Santi de la luna

martes, 12 de julio de 2011

Olor a leyenda va a tener!...

Que es un viaje? Salir desde un lugar a otro? Recorrer sitios? Conocer diferentes cosas? O desprenderse de la realidad de cada día, meterse en otras, mezclarse y ver, desde otras esquinas? Quizás, en parte, sea esto, pero la verdad es, que es mucho mas. Cuando se propone un viaje, sin límite de tiempo, como el de Guille y Diana, el mío y el de mil mas. No solo vas pasando por lugares, también te vas quedando. El hecho de hacerlo, es determinado por varias cosas: un lugar lindo, hacer trámites de papeles o algo de plata (en las ciudades) sitios aledaños para conocer, problemas para seguir, etc. Como sea te quedas, te instalas y por un tiempo, sos parte de otra realidad…

Como les dije, en el informe anterior, para hacer algo de dinero en Cuzco, recurrimos a la venta de tortas fritas. Generalmente hacíamos tandas, de casi 90 por día y en algunos casos, doble turno, de casi 150. Nos dividíamos en 3 partes iguales y salíamos a recorrer la ciudad imperial. Los chicos, andaban más que nada, por el centro y av. Del sol (una de las arterias principales) mientras que yo, recorría los alrededores, metiéndome por callejones y buscando cada tanto, una ruta diferente. La gente en general era amable, y compraba “para colaborar” como decían ellos o por gusto, y en algunos casos, te daban la plata, pero no querían la comida, solo para ayudarte. Esto nos hizo seguir e ir acumulando, cierta clientela, como también nos hizo, andar esquivando municipales. Al final de cuantas, vendimos mas de mil tortas fritas, pagamos el alquiler de un mes, 3 entradas al Machu Pichu, y los víveres durante esos días de trabajo.


En la cocina, con Diana, pintamos un mueble y ella aparte, una mesita, dándole más color y vida. Este sitio de reunión, llevo a organizar diferentes comilonas con los demás chicos (Bruno, Clara y Thomas) por ejemplo: noche de panqueques, dulces y salados, con pururú y juegos. Mediodía de ñoquis (de papa unos, y otros de camote) con salsa blanca y roja. Tarde de tortas fritas (cumple de Diana) que se extendió hasta la noche (despedida de Thomas) con pasta de paltas condimentada, ensalada surtida, jamón, pururú dulce y salado, camote frito, cerveza, vino, etc.

En el hospedaje Korilazo (Ataúd 228) Ruth con su familia, nos dejaban transitar tranquilos y nos ayudaban cada vez que podían. Un mediodía nos invitaron papa “watia” con salsa “huancaína” (se improvisa un horno en la tierra, con piedras y terrones de tierra. Se alimenta con leña por una hora, luego se retira el fuego y se agregan las papas. Luego se derriba la improvisada construcción sobre las papas. Después de una hora y pico, se retiran, se pelan, y se sirven con una salsa a base de: ají amarillo, leche y huevo) delicioso!!!

Cuzco, aparte de ser una ciudad antigua, y plagada de restos arquitectónicos Incas (sobre las cuales se emplazan, las construcciones actuales) a sus alrededores, cuenta con varias ruinas, para ir a visitar. Una tarde con Guille y Diana, nos fuimos al templo de la luna y el sol, a unos 2 o 3 km hacia arriba de donde vivíamos. No solo por azar elegimos esas ruinas, solo por un factor económico, no había que pagar! Llegamos y el acceso a las cuevas estaba obstaculizado y con un cuidador, Alain. Nos pusimos a conversar con él, luego de darnos explicaciones y d contarnos un poco de historia, nos llevo dentro de las cuevas. La primera, la de la luna: donde se sacrificaban llamas sobre un altar de piedra (para la fertilidad de las mujeres) donde en noche de luna llena, los haces de luz, entran por un orificio, que está encima del altar, e ilumina toda la habitación. La sangre de los animales sacrificado, corría por una canaletita en la tierra, hacia un hueco, desde donde misteriosamente, salía una corriente de aire tibia. Luego nos mostro, la cueva del sol, donde realizaban los procesos de momificación, de sus habitantes más importantes.

Terminamos la tarde, con Alain, tomando mate y contándonos más historias, prometiéndonos una visita de noche a saqsayguaman (sitio donde se hace el Inti Raimi, y la entrada sale 70 soles) cosa que no hicimos con él, pero que al final hicimos con un chico que encontramos en la puerta, bajo la luz de la luna y protegidos, más o menos 1 hora y media, por el velo de la noche, hasta ser descubiertos por el guardia.

Ya teníamos la plata para el Machu. Los chicos iban en colectivo por una de las rutas y yo tenía la plata, y alguna vaga idea de cómo llegar hasta Aguas Calientes (pueblo del Machu Pichu). Salí el 19 de junio, rumbo a Ollantaytambo, como a unos 90 km de Cuzco. Primero las subidas, bordeadas por Tabaquillos (en Córdoba, se encuentra este árbol, en la zona de los gigantes) rocas inmensas parecían venirse sobre mí. Pase por varias ruinas en el camino (Puca Pucara, rayaniyo, etc.) luego descendí a un valle, la vista se me llenaba, el rio me hacia seguirlo, entre en el sagrado valle de los incas, comprendí la elección y decidí, disfrutarlo. Luego de una siesta, a unos km de Pisaq y otros pueblitos, me desperté creyendo, que llegaba a Ollantaytambo, a la tarde noche, en solo unos km mi cuerpo, pidió receso. Estaba descompuesto y sin fuerzas, me recosté en los rebordes, de un pequeño puente, pensando que se pasaba. Al ver lo contrario, solo quedaba acampar por ahí. Llegue con las últimas fuerzas, hasta una construcción abandonada, improvise una tienda con mi lona, y solo atine a tirarme a descansar. Me dormí con el canto del rio y viendo como las primeras lenguas de la noche, tocaban los cerros de enfrente.


Me levante mejor pero sin mucha fuerza, con algo de viento en contra llegue hasta ollantaytambo, como a las 15 hs. Luego de una rato en la plaza, conocí a René Tegellagmp (igual que yo en bicicleta, pero el de Alemania) en su ingles fuertemente pronunciado, y en el mío (ni casi básico) nos contábamos nuestras respectivas historias, mientras buscábamos un lugar, más que nada `para dejar las bicicletas, en un lugar seguro (para caminar al otro día, por las vías hasta Aguas Calientes) encontramos un lugar, aseguramos las bicis, descansamos y a las 6 de la mañana, arrancamos. Llegamos con una combi, hasta el km 82 de las vías. Supuestamente eran 6 horas de caminata hasta el km 106. Lo hicimos en unas 8 horas, como hacer, se puede hacer en 6, pero las ruinas en el camino y el paisaje, te pide, detenerte, recorrerlo con los ojos, dejando por unos minutos, de ver los rieles, las piedras, los trenes, y deslumbrarte con la naturaleza: las piedras moldeadas perfectamente por el rio, las cuales, suben en forma de barrancos, con miles de especies vegetales, cubriéndolos. Insectos y pájaros desconocidos, me mostraban su hogar, con René entendíamos ese idioma, entonces ya no importaba hablar.

Llegamos a Aguas Calientes en el km 110 (disertando, sobre la madre del que nos dijo que era en el 106 je) compramos provisiones, las entradas para las ruinas (126 soles) y dormimos en un camping, cerca del puente de ingreso. Arrancamos las 3 de la mañana, fuimos hasta el puente de 150 personas (debido a: se cumplían los 100 años del descubrimiento del Machu y al Wayna Pichu, solo entran las primeras 400 personas, por día) abrieron el paso, como a las 4 de la mañana. 1750 escalones esperaban ser pasados, con mochila y a esas alturas, las escaleras van dejando gente por los costados, mientras transcurren los minutos.

A las 5:30 se abrió el predio. Ingresamos a la ciudadela, así como el sol, mientras tanto, ingresaba a esta parte del mundo. Estábamos ahí, pero todavía no podíamos relajarnos, teníamos que llegar a la entrada del Wayna ( es el cerro que se ve en frente de las construcciones) llegamos y al rato ascendimos, un poco menos de escalones, pero casi verticales. Tardamos una media hora en subir, pero como todo esfuerzo, tiene su recompensa, y como toda cima, tiene su regocijo al llegar, no quedo otra que observar y admirar. Allá abajo la ciudadela y a su alrededor, solo una cosa, la inmensidad!


Transcurrida una hora, arriba, descendimos, recorrimos las ruinas, obnubilados por la perfección en las construcciones, los encastres perfectos entre los bloque gigantes de piedras, la fuerza y los restos de una civilización, que hasta el día de hoy, no para de asombrar al mundo que la visita.

Cerca del mediodía, y luego de ser corridos por los guardias (está prohibido comer en el predio!!) nos instalamos en la parte de atrás, sobre una de las terrazas, sándwich de palta y siestita!!

Les voy a decir la verdad, es un lugar (el Machu y el valle sagrado) para hacerlo en varios días, pero tranquilo, y que no disfrute del todo, debido al cansancio y la presión de hacerlo en poco tiempo. Igual lo que vi y sentí, ya no se borrara.

La vuelta en bici, con René, fue terrible. Los músculos estaban agotadísimos, ya tenía ganas de estar en Cuzco. En vez de volver por Pisaq, lo hicimos por Chincheros. Las subidas no se acababan, según el GPS, de René, faltaban solo 7 km, pero estaba mal o no sé, y en realidad, faltaban 33 y encima se hacía de noche. Sin desesperar, pero ya sin ganas de estar ahí, le dije a mi compañero de ruta: hacemos dedo un rato, sino acampamos y tomorrow salimos jajá. Afortunadamente, la única camioneta que paso, siguió de largo y luego volvió, y nos alcanzo.

Ya de vuelta en la ciudad, y luego de descansar, comentando con Guille, el deseo de volver a la ruta, se empezaba a sentir. Vendimos una tanda más de tortas fritas, para comprar unas provisiones y empezar la partida.

Antes de irte de un lugar, suelen suceder ciertas cosas, que uno desearían que pasen antes, pero son cosas del viaje, proposiciones del destino, que te preguntan si vas a seguir, o te vas a quedar, un poco más. Seguí, pero antes conocí dos excelentes seres humanos.

Una de las tantas veces que Salí a vender, pase por un cyber, en la calle hospital, le vendí al que atendía una torta frita y seguí. Tiempo después fui al cyber y olvide unas cosas. Al buscarlas conocí a Vladimico (Vladimiro Valer Delgado, Peruano) me reconoció, y me conto lo siguiente: …”al otro día que te compre, era el cumpleaños de mi madre, Eleonor (Eleonor Guillermina Weiss Solterbeck Argentina) la espere con su tortilla caliente y su mate, encantada se la comió y me pregunto, de donde la había sacado? Le conté de vos y quiere conocerte”… Muy contento le conteste que sí. Otro día nos encontramos y entre los 3 organizamos para un viernes, tarde de tortas fritas y mate. Cuando llego ese día, no solo hicimos lo planeado, sino que conocí, a una luchadora: Eleonor. Ella llego a Perú, desde Argentina, en un momento, donde la gente con sus mismas ideas no existían, habían desaparecido. Empezó a buscar, con las adversidades que eso representa; de otro país, mujer, blanca y de ojos claros (cosa que hasta el día de hoy le hacen sentir algunos, me dice ella tristemente y con lago de bronca) luego de buscar e investigar, termino dando con estas personas, se encontraban en el SEPA (una cárcel, en la selva, para cumplir cadena perpetua) de allí no se salía, su crimen, como el de muchos en Latinoamérica, había sido pensar. Se puso manos a la obra, con un abogado (el único que la apoyo) fueron sacándolos, y como dijo ella: “esa era mi tarea, tenía el compromiso de hacerlo”. Así se fue quedando, formo su familia, siguió trabajando en cosas relacionadas a los derechos humanos y la cultura (aparte es artista plástica) con el tiempo instalo Amnesty (derechos humanos legales) en Perú, y hasta el día de hoy, siendo una mujer de varia lunas, no se calla, es fuerte y tiene una alegría juvenil que inspira.

Comimos casi 1 kg de torta fritas, acompañadas de: crema de palta, requesón con hiervas, queso, manjar (como un dulce de leche, pero que no es jajá) dulce de algarrobiña, y unos dátiles, que solo hay para la época del corpus Cristi.

Pase mis últimos días, yendo a visitarlos a tomar mate, acompañado por las historias de Vladimico, leyendas, costumbres, palabras, consejos, recetas, etc. (una enciclopedia andina) en esa casa pequeña, pero acogedora, como las de todas las personas que le hacen bien a la vida, que han decidido participar, respetar y defenderla. Gracias realmente a Eleonor y Vladimico, por esas cosas simples compartidas.

Cuzco es una ciudad para conocer, revienta el mercado popular en las calles: seviche (pescado cocinado con limón) choclos blancos con queso, broche de carne con papas andinas (9 que por estos lados hay más de 200 variedades de papa) chicharrones de cerdo, canchitas (pururú andino) sándwich de palta, licuados con frutas frescas y gigantes, cuy a la parrilla (caballos, plato típico) etc. Una ciudad totalmente turística, donde en líneas generales, son muy amables con los que llegan. Si te apartas de los lugares turísticos, te puedes encontrar con un pueblo, que no olvida de donde viene, mantiene costumbres y sepulta rencores.

Con respecto a eso de las 7 maravillas del mundo. Me parece totalmente injusto y comercial. Todos los días el sol dibuja un horizonte diferente, alguien inventa una melodía nueva, al silbar, la naturaleza muestra otro paisaje asimétricamente bello y un niño quiere aprender a volar. Yo no sé si estoy loco, pero el mundo es maravilloso y nos rodea, si sabes mirar, no hay que pagar.

Escribo esto, tirado en una avenida, en frente tengo mis cosas, no se vende nada. Ya estoy lejos de Cuzco, pero fue un buen lugar, trabajamos y convivimos con Guille y Diana, salimos adelante entre todos, de esa forma pudimos conocer esa ciudad y sus alrededores.

El otro día mire un mapa de Latinoamérica que tengo, trace con un dedo, el viaje, desde Cosquín hasta acá. Ecuador está cerca, y de Perú falta, sigo sin vender nada, y no me importa, esta felicidad me hace emocionar y luego sonreír. Ustedes no saben porque estoy en las costas, o en realidad algún si, la cosa es que yo sé exactamente, porque estoy acá. Hay un propósito, y cuando se cumpla, se enteraran. Pero eso será el motivo, del próximo informe.

La temperatura cambio, me estoy alejando del frio, me estoy acercando cada vez más, a lo que soñé, se algo de lo que viene, pero no sé todo, y eso es lo mejor.

Desde Nazca, transmite Latinoamérica en 2 ruedas, hasta las próximas letras.

santi de la luna

viernes, 17 de junio de 2011

Atrapado en Libertad...

Una vez me crucé un maluco (viajero brasilero) con unos amigos en la ciudad vieja, en Montevideo, nos hizo una pregunta a todos: ustedes, ¿son felices? Sí, fue la respuesta. Durante el resto del camino, fui fundamentando la respuesta dentro mío. No fue fácil llegar a ese estado, costó y sigue costando. Uno decide un camino y lo encara, dejando cosas de lado, siendo acribillado por malos augurios y opiniones de una sociedad que condena una senda diferente, y a la vez apoyado y acompañado por los que están siempre, la gente querida. Cuando alguien se va, afronta muchas situaciones, una de ellas es la más difícil, mientras pasa el tiempo más grande es. Quiero dedicar este informe a: el Iodri (Rodrigo Lema Mundini), a Euge (Eugenia Rodriguez) y a todos los que estando lejos, han afrontado esta situación y lo siguen haciendo: la distancia.

Debido a problemas en Perú (entre la gente y el gobierno, a causa de la venta de un cerro para la explotación minera) la frontera estaba cortada. Estábamos a 8 km de cruzar y no podíamos, el conflicto no mejoraba, todos los días nos llegaban noticias de que se cortaba más arriba o en otra parte, que si pasabas te tiraban piedras o te robaban.

Resolvimos esperar un poco y no arriesgarnos, aunque las ganas de irnos de Bolivia estaban al pie de nuestras ideas. Eso hizo que siguiéramos buscando trabajo, lo bueno fue conseguirlo y aun mejor, llevarnos buenos recuerdos.

El primer trabajo fue en un Hostal llamado “La casa del sol” (calle Balivian, entre Junin y Tilcala) tuvimos que revocar una pared, para pintar un cartel de bienvenidos y adentro había que hacer un plano de Copacabana, no tan convencional. Los dueños, Samuel y Ligia, eran personas muy amables y cultas. Escuchamos algo de buena música, cociné algunas cosas (parte de la paga era comida) y pasamos 3 días bastante relajados, pero trabajando.

En esos días también conocimos a Tatiana y Don, que vivían en el hostal y tenían un bar. Cuando terminamos en el hospedaje, pasamos una mañana por el bar y les preguntamos si querían que les pintáramos algo. La respuesta fue que sí, pero que ellos al otro día, al medio día se iban para la isla del Sol. Entonces esa misma tarde lo comenzamos, con la promesa de terminarlo antes de que se fueran. Arreglamos por 100 bolivianos y la comida, un mural de unos 3 metros de largo por 2 de ancho, con un diseño que hacía referencia al nombre del bar “El cóndor y el águila” (en diagonal a plaza Sucre) y la inscripción “y llegará un momento en que el cóndor y el águila volarán juntos” (cóndor: Latinoamérica, águila: Norteamérica). Lugar muy cómodo y lindo, como el anterior. Comimos re bien, acompañados de buena música, trabajando tranquilos y sin presión. Tatiana y Don quedaron conformes y contentos. A parte de lo que le pedimos nos pagaron un poco más y hasta el día de hoy seguimos comunicados. Ese mismo día, después que los chicos de “La más linda” se fueron a averiguar algunos datos de la frontera y junto con otros recopilados durante ese tiempo, decidimos al día siguiente arrancar junto con Seba, para Perú. Compramos provisiones y el 21/5 temprano, arrancamos. Primero rumbo a Yunguyo, para sellar la salida de Bolivia y la entrada a Perú.

Con la poca moneda boliviana que nos quedaba, ingresamos de vuelta al país. Teníamos que rodear el Titicaca y bordear el noroeste, hasta un pueblo llamado Puerto Acosta. Teníamos 24 hs para que sea válida la entrada a Perú, aparte, supuestamente ya habíamos salido de Bolivia, cosa que hacía más interesante el viaje, si nos agarraba algún control durante el camino y en ese pueblo también se encontraba la aduana para el vehículo. Contábamos con varias horas, llegábamos, los chicos hacían los papeles, pasábamos y listo! Parecía fácil, no? Jeje.
Cruzamos de vuelta en balsa el estrecho de Tiquina. Más o menos de ahí eran unos 150 km. El día transcurrió tranquilo, con música y mate, hasta llegar a destino como a las 16 hs. Desde ahí comenzó la travesía.

Después de preguntarle a varias personas por dónde cruzar a Perú, y que las contestaciones en su mayoría fueran “ahicito, por ahí o más allá” y nada preciso, e incluso cuando dimos con el puesto de la policía tuvimos que esperarlos un buen rato hasta su llegada. Ahí nos indicaron dónde estaba la aduana y luego por dónde pasar. Era sábado y la aduana, increíblemente, sólo trabajaba hasta el mediodía (un dato que nos dijeron los oficiales a la vuelta, luego de ir al vicio). Nos teníamos que quedar hasta el lunes en ese pueblo olvidado, aparte ilegales, ni locos!

Decidimos pasar y ver qué hacíamos del otro lado. El atardecer caía, y nosotros en una cuesta pronunciada, llena de piedras grandes, sueltas y huecos, veíamos cómo La más linda trataba de trepar, y no podía. Nos habían dicho de otro paso, pero quedaba un poco más lejos. Ya con el humor cambiado, y con los últimos rayos del sol llegamos a ese lugar. Lleno de camiones y todas las calles rotas, ahí estaba un lugar, donde nadie desearía quedarse. De un par de borrachos que había frente a una cadena, salió uno, y nos dijo que teníamos que pagar 5 bolivianos para pasar. Sin discutir mucho se lo pagamos y cruzamos. ¿A dónde? Anda a saber. Bordeamos el Titicaca, por un camino totalmente destruido. Llegamos a una ruta y preguntamos por la aduana, teníamos que ir hasta un lugar llamado Tilali. Eran sólo unos kilómetros, de noche, a probar suerte, en el nuevo país.

Llegamos, Seba y yo nos quedamos escondidos en la camioneta, en total oscuridad, mientras los chicos convencían al oficial de hacerle los papeles al vehículo, a pesar de haber entrado por la puerta de atrás (imagino que el que quiso rezar rezó, yo pedía a los que me quieren, que estuvieran pensando fuerte que todo iba a estar bien, que nada iba a pasar) por tan solo 10 bolivianos (pedidos por el oficial) las leyes se modificaron.

Al final, ya estábamos del otro lado. Buscamos un descampado, armamos la carpa, cenamos, brindamos y por fin, pudimos descansar.
Todo cambió al entrar en este país, si bien los paisajes y las personas, son similares en ciertas características, las diferencias se notan.
Sigue habiendo adobe y los sembradíos en terrazas abundan, pero todo está un poco más cuidado y no da la sensación de dejadez, como en el país anterior. La gente es muy amable, pero no deja de ser introvertida. Camino a Cusco, en un pueblito donde frenamos para armar campamento, al despertar, Denis (un niño de unos 9 años que la noche anterior nos había facilitado agua) nos trajo ocas hervidas y manzanas de regalo, esa bienvenida nos reconfortó el alma y nos dio energía para seguir camino. Durante el trayecto, nos cruzamos con los vehículos de esas zonas, motos y bicis, con carros que llevan y traen gente cual Shangai latinoamericano.

Dentro de La más Linda la música sonaba, entre el agua que caía a la yerba y otro mate que se acababa se oía “lo que debes, como puedes quedártelo”, “esto es efímero, casi hipnótico”, y reventamos en un coro desentonado “no lo soñéeee ieeee”, luego se cambió el disco, y el paisaje rebalsaba en verdes, con cuadros amarillos y naranjas como si Mondrian hubiera trabajado en los surcos, la música lo acompañaba todo… “y yo me alejo mas del suelo”. Entre los Redondos y Sumo, la llegada a Sumo se hizo corta y placentera.

(Acá voy a abrir un paréntesis, para contarles y para que entiendan, lo que pasa cuando se mezcla la música con los recuerdos, la nostalgia y ese mar llamado distancia.
Durante todo el viaje, te cruzas con miles de personas, pero al hacerlo con Argentinos, generalmente de lo que terminas hablando es de; la comida: los ñoquis, el locro, ravioles, empanadas, tortas, el pan y por supuesto, el asado; la bebida: el vino, el fernet y alguna cerveza fría (cosa difícil de encontrar). Todo se cuenta en una ronda, llena de emoción, donde las emociones como “¡uy, no me hablés, Neeee!! o Seee!, abundan. No saben todo lo que tenemos allá, la cuestión de buscar excusas para juntarse a comer lo que sea, la variedad de lo que comes y lo que tomas, todo se va acabando mientras vas subiendo.

Otra cosa era, por ejemplo en Copacabana, llegamos a ser 7 cordobeses en hostel, imagínense! De los cuales la mayoría, tocaba en los bares para sustentar sus viajes. Así que, quisieran o no, los demás huéspedes, a la mañana arrancábamos con: cuar-te-to, ¡sí señores!… “Tú, la que todo me lo da” , “ Ella, vive enamorada, se muere por él” o “Pasa y siéntate, tranquilízate, al fin ya estás aquí”.

Somos muchas cosas durante el viaje, pero no dejamos de ser Cordobeses y Argentinos, nos encontramos, vemos lo bueno que tenemos, lo extrañamos y tratamos de mantenerlo, aunque las condiciones sean adversas. No olvidamos de dónde somos, ni lo que hacíamos. Si nos juntamos, remarcamos nuestras costumbres y nos hacemos compañía, tratamos de sentirnos cerca por un rato, porque a la mayoría, le falta para volver a casa).

Ahora, ya instalados en Cusco, con Diana y Guille, alquilamos una pieza con baño, en una especie de vecindad, con un patio lindo y una perra Rot Wailler, que es una chancha hermosa y mimosa. Nos armamos una cocina, que compartimos con Clara y Bruno (argentinos) y Thomas (belga, personaje). Allí comenzamos con el emprendimiento, de las tortas fritas, base de nuestra economía, con las cuales hemos pagado el alquiler y la entrada al Machu Picchu.

Para el próximo informe, les voy a contar de Cusco y sus lugares. Ciudad preciosa que nos abraza y nos está dando diferentes oportunidades. De la forma no convencional, de conocer algunas ruinas, y de otras cosas que irán pasando, mientras el reloj continúa su marcha.
Hoy me senté a escribir con la nostalgia a mi lado, sepan disculpar, a veces la tristeza llega y no se puede evitar. Pero se va a pasar, no lo dudo, la vida sigue siendo vida, lejos o cerca, y tiene estas cosas.

Por lo pronto me voy a ir silbando para el mercado, lugar que me encanta, de un momento a otro voy a sonreir, con lo que me cuentan las doñas, y el mundo será otra vez, ese mágico lugar. Hasta las próximas letras.

Santi de la Luna.